¿Tiene razón Moyano cuando reclama un 30% de mejora salarial para su sector y la eliminación del impuesto a las ganancias? No se puede responder negativamente a esta pregunta, en tanto se refiere a un planteo sindical que apunta a una mejora para el sector camionero. Todo gremialista siempre pretende algo más beneficioso para sus afiliados.
¿Tiene razón el Gobierno en defender a los miles de argentinos afectados por una protesta sectorial, que los tiene casi de rehenes? Tampoco se puede responder negativamente. Velar por los intereses de todos es una obligación del Estado.
En este punto, la realidad parece reducirse a un enfrentamiento entre intereses sectoriales e intereses generales, entre la tranquilidad de unos pocos y la de muchos. Si fuera cierto que los derechos de uno terminan donde empiezan los de los otros -y si eso se verificase- no habría lucha o conflictos con daños colaterales. Pero no, en el país, los problemas sindicales, especialmente como el de los camioneros, tienen un trasfondo más político que reivindicativo.
Es simple, el kirchnerismo no quiere a Moyano en la CGT, no lo quiere con poder como para disputarle espacios de poder. No quiere díscolos, quiere encolumnamientos, pero el camionero decidió hacer rancho aparte y no ser más un soldado de la causa "K".
¿Motivos? ¿Ambiciones personales y proyectos políticos? Tal vez, y de ambos lados. Lo que se ve más allá de las estaciones de servicios vacías de combustibles y llenas de automovilistas ansiosos, es una disputa a todo o nada entre el Gobierno y Moyano. Ambos han jugado fuerte: denuncias en la Justicia y plan de lucha con movilizaciones. Ninguno querrá perder, y más aún, los dos buscarán arrodillar al otro.
¿Diálogo? Imposible, ninguno quiere escucharse, sólo aspiran a doblegar al contrincante. El resto del país será un espectador ajeno a la lucha, pero esclavo de las consecuencias de la sordera de ambos grupos. Lo peor es que la palabra "negociación" desapareció, sólo sobrevuela la del "conflicto". El Gobierno y Moyano argumentarán lo mejor posible para arrimar voluntades a sus posiciones, y si no se pone un freno, esto se prolongará indefinidamente. Para mal de todos. LA GACETA ©